Las Águedas

Para los que quieran conocer algo más de nuestro pequeño pueblo, me gustaría comentar:

En Calabazas también tenemos nuestra fiesta de invierno. Una fiesta tradicional que había caído en el olvido y que durante los últimos tres lustros venimos celebrando sin interrupción, se trata de la fiesta de Santa Águeda o más coloquialmente la fiesta de las águedas.

Una vez pasados los excesos navideños y para que el invierno no se haga tan duro, en la primera quincena de febrero, las mujeres preparamos la fiesta en la que somos protagonistas indiscutibles.

Como sabéis la fiesta de las águedas tiene un gran arraigo popular en muchos pueblos de Castilla, el fundamento es en todos el mismo: la fecha tradicional era el 5 de febrero día de Santa Águeda, y la particularidad de esta celebración es que ese día se invierten los papeles sociales. Las mujeres se “revelan” contra el poder establecido y el dominio masculino. Es tradición que en este día las mujeres mandan e incluso se nombra una alcaldesa, que tiene el breve mandato de un día y, hay que decirlo, únicamente manda en lo concerniente a la fiesta.

Nuestra celebración es un poco diferente de lo usual:

A media mañana y con la animación del toque de campanas y el sonido de las dulzainas las águedas, ataviadas con bonitos trajes de segoviana, salimos de casa y nos reunimos en el centro del pueblo, con el jolgorio propio de la festividad. Tras los consabidos saludos y piropos, alcaldesa, séquito y pueblo llano nos dirigimos a la Iglesia donde se celebra una misa en honor de Santa Águeda. Junto al altar mayor una imagen de la Santa preside la ceremonia y al finalizar la misa es sacada en andas por las mujeres, dando comienzo la procesión.

Con la alegría de las jotas interpretadas por los dulzaineros, la procesión baja la empinada escalera de la Iglesia hasta las calles del pueblo, donde mujeres de diferentes edades y un interesante grupo de niñas, bailamos jotas delante de la imagen de Santa Águeda en todo el recorrido por las calles de nuestra localidad. El cortejo vuelve a la iglesia un poco cansado por el esfuerzo del baile y la “dichosa escalerita” que, dicho sea de paso, hace que nuestra iglesia destaque en todo el entorno.

Finalizados los actos religiosos nos dirigimos a tomar el aperitivo en el bar de la Asociación cultural Todoesponerse y por el camino recogemos las bandejas de hojuelas que Maruja ha preparado con tanto cariño como años anteriores, si cabe con más, porque se supera cada año. Las águedas de Calabazas, en lugar de pedir dinerillo para la fiesta, invitamos al aperitivo a los que en ese momento se encuentra en el bar. Todo ello amenizado por la compañía de las dulzainas.

La fiesta sigue con una comida de las participantes y los maridos, con la lógica animación de chistes, canticos o poesías, que de todo hay. Esta parte de la fiesta es la menos tradicional de todas; al revés que en otros pueblos en los que las mujeres hacen la fiesta para ellas solas, en Calabazas invitamos a nuestras parejas y junto con los dulzaineros celebramos la comida en la casa rural, donde lo pasamos estupendamente.

Después de la comida, volvemos a bailar unas cuantas jotas, pasodobles u otras piezas que dominan los experimentados dulzaineros y acabamos con juegos de mesa o improvisada cena, para alargar la fiesta en la que las mujeres nos homenajeamos. Con el fin del día, guardamos el bastón de mando y nuestros trajes “hasta el año que viene”.

Julia