Los inicios

En la prehistoria, hace 50 años, la actividad en los pueblos pequeños de Castilla La Vieja giraba alrededor de la agricultura de subsistencia, el arado romano, carro, trillo, aventadora, engavilladora, yunta de machos, majuelos, gallinas, conejos etc.En Calabazas vivían entre 80 y 100 familias.

En aquellos tiempos las fiestas para los chicos comenzaban con la llegada de los confiteros y la revolada al pueblo con los músicos. Al anochecer las campanas tocaban a vísperas y sólo los hombres cofrades de la Veracruz subían a la iglesia a golpe de listado a un acto religioso.

Teníamos música de plaza antes de comer y de cenar, la velada terminaba algo más pronto que ahora. Se bailaba agarrado, los mozos sacaban a bailar a las mozas, mientras los chicos corríamos entre las parejas tirando petardos o riscantes, también comíamos obleas mojadas en el chorrillo de la fuente. Acabada la velada se hacía chocolate con bizcochos en cuadrillas. Como los medios de transporte eran pocos y lentos los familiares y amigos de otros pueblos se quedaban a comer o cenar. Se llenaban las casas de comensales, con tanto trabajo las mujeres disfrutaban poco de las fiestas.

Corría la década de los sesenta y al campo llegan los primeros tractores, desapareciendo los primeros agricultores que emigran a las ciudades buscando un mejor futuro. Los chavales, que ya no son tan necesarios como mano de obra, salen a estudiar a instituciones de bajo coste económico como seminarios, colegios de frailes, universidades laborales etc. En vacaciones estos tiravaras de mentes ociosas preparan para las fiestas las primeras peñas en las bodegas con sus enramadas de tiemblo, sacos de paja, limonadas explosivas de vino con frutas y licores variados y por supuesto el radio-cassette. También llegaron grupos de música con guitarras y teclados eléctricos que nos revolucionaban desde lo alto de una galera.

En los setenta se multiplicaron las peñas, el tío Tendero vendió las primeras camisetas para una, se hicieron en portadas, lagares o cochera municipal; el sumun fue la Fragua, actual emplazamiento de la Asociación. Más de cuatro carretillas de carbón sacamos de allí. Eran tiempos de salir a las discotecas, la Sauka, los primeros pubs en Cuéllar.

A finales de esta década pasamos la gran crisis, los ociosos tiravaras emigraban los veranos a trabajar en los hoteles de la costa a recoger fruta. La perdida de tanta gente joven hizo tambalear las fiestas de aquellos dos o tres años.

1980 fue un año de transformación, de la prehistoria a la actualidad. Había que resolver la falta de atractivos para recuperar la concurrencia. En unas tertulias de bar varios casados, que se decía entonces, gente activa, y los jóvenes que quedábamos nos lanzamos a la aventura de recuperar y mejorar en lo posible los festejos. El primer cartel de La Función fue como un banderín de enganche. Nos ayudó a creer que todo era posible. Llegaron las vaquillas, los juegos para niños, pucheros, manzanas, sillas, huevo, carreras de sacos, dibujos, arcilla, disfraces, gymkanas, maratón popular, partido de fútbol de hombres “maneaos” contra mujeres, concursos de mus, tute, dominó, chito, trofeo a la mejor borrachera (estoy hoy sería un disparate)... ¿De dónde sacamos dinero para tanto? En el bar se puso un cartel de aportación voluntaria que Mª Rosa y Patricio se encargaban de recaudar. Se pagó todo y con lo que sobró abrimos la primera cartilla de ahorro. De esta manera, en los años siguientes y hasta la actualidad con la participación de todos hemos conseguido unas buenas fiestas.

 En 1983 se aprobó en Estatuto de Autonomía que unía a Castilla y León. Poco después entró a formar parte del gabinete de prensa en Segovia un activista de nuestra causa, que se fue informando del movimiento de asociaciones culturales que se estaban formando en la provincia y nos embarcó en la aventura. Todoesponerse quedó registrada en el gobierno civil el día 2/6/1986. Con anterioridad, por mediación del mismo, una recogida de firmas en San Roque del año 1985 pidiendo el arreglo de la Iglesia, junto con un dossier de fotos del mal estado en que se encontraba llegaron al lugar preciso en el momento justo para poder disfrutar hoy del buen estado en que se encuentra nuestra Iglesia.

Una vez echó a andar la Asociación, el registro de socios subió como la espuma. Como local recreativo el Ayuntamiento dejó su salón. Se barajaron varios lugares para hacer la casa de cultura, como los corralones, la escuela de la chicas, la casa del cura...Por último el Ayuntamiento ofreció el terreno de la Fragua para construirla. Fue una gran obra a la que nos lanzamos con el esfuerzo de todos y el traspaso por parte del Ayuntamiento de la partida de fondos que recibe de la Diputación para obras durante dos años.

En el año 87 celebramos la primera fiesta de la Asociación, recuperando Santa Isabel, que era la pequeña del pueblo.

No mucho después llegaron malos tiempos para el bar de Mª Rosa y Patricio y la tienda de Tere y Eutiquiano. La hacienda autonómica, con sus insensatos impuestos, les obligó a cerrar sin pensar en la obra social que realizaban. Esta actuación arrastró a la Asociación a poner bar en el local, lo que ha conllevado que la vida social del pueblo se centre especialmente en la Casa de la Asociación.

Junio de 2011